Una de las cosas que más extraño desde hace casi un año es el silencio.

Anteriormente, por algunos años, mis mañanas eran mías.  Con decir que eran mías significa que podía dormir más, podía escuchar música, ver televisión o mejor aún, podía estar en silencio. En completo silencio, en paz.

El silencio absoluto es una cosa que me agrada mucho, que me hace sentir en paz y que me deja pensar con claridad, me mantiene en calma.

También soy de las que creen que si conoces a alguien y estas en confianza, no existirán los “silencios incómodos” si no los silencios felices, esos en donde dos personas están tan bien juntas que no necesitan palabras para disfrutar de su mutua compañia.

Añoro los silencios matutinos y es por eso que en mis últimos viajes cada minuto de silencio ha sido bien aprovechado haciendo nada.

Ahora, con los años, entiendo porque la gente medita antes de iniciar el día, no se trata de la meditación en sí, se trata del silencio.

Oh rayos, me pongo vieja y más hippie con la edad.

 

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